-Qué ironía que seas el sexto planeta del sistema solar y mi número de la suerte sea el seis, mi estadía en ti no trae tanta suerte.-
-Te odio porque en ti acobijo mis penas y rabias, en ti brotan mis mas grandes pensamientos. -Esta mente mía que se controla sola- se dice en voz baja.
-Tus anillos te hacen brillar a pesar de la frialdad de ellos y la dureza de estos te protegen pero a la vez te hacen único.- suspira - Quien te quitase esos brillantes anillos no seguirías siendo el mismo y se daría a conocer tu cálido y tierno cuerpo, a la vez grande y fuerte. - se calla y toma aire para recuperar una idea-
"Nada tiene tanto poder para alterar nuestra perspectiva de nosotros mismos como algo tan lejano que es Saturno"
-Aun así eres mas débil que tus vecinos planetas, tu campo magnético es mucho mas bajo que el de cualquier otro. Eres tan cambiante y fácil de observar, tus colores y luminosidades (sin parpadear) están siempre ahí en el cielo, nuestro cielo...
Sin embargo de tantas cosas negativas que puedo decir de ti, estas rodeado de un montón satélites, nadie sabe por que los atraes tanto si eres un ser tan lejano... tan tan lejano.
-Debo admitir... mi admiración a que logres ser tan genuino.- Deja el lápiz a un lado y cierra el diario.
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